Nuestra sociedad se enfrenta a uno de los principales desafíos del siglo XXI: el reto de modelar e instruir a la generación contemporánea, la cual necesita con urgencia alcanzar los niveles de competencia necesarios para poder enfrentarse a las vicisitudes y exigencias del tiempo presente, caracterizado plenamente por la revolución tecnológica/digital; cuyas incidencias han revolucionado hasta límites inimaginables los engranajes de la vida diaria y el devenir del ser humano.
Las nuevas técnicas han cambiado el mundo tal como hoy lo conocemos, desarrollado sobremanera en las comunicaciones; tanto los medios de transporte como otras realidades que en esencia enlazan a las personas con la entidad con la que deseen establecer un vínculo; pudiéndose resolver esta voluntad bien con un desplazamiento, una conexión telefónica con un ser querido, o la obtención provechosa de información con rapidez y eficacia.
En recapitulación, la consecuencia universal de todos estos actos es la globalización; la disipación de las barreras del conocimiento y el movimiento circulatorio; haciéndose extensivas las fronteras del hábitat diario personal a todo el mundo conocido.
Y no es fácil tomar entera consideración y asimilación de todos estos cambios en tan ínfimo período de tiempo. Eduardo Punset aborda este tema con extrema maestría en el documental “Crear hoy las escuelas del mañana”, de su programa Redes. En él afronta las claves que pueden ayudar en la instrucción de los nuevos titulados, la sociedad que el día de mañana deberá estar facultada para desenvolverse con éxito ante los problemas planteados.
Saca valientemente a la luz una teoría que supone el saludable inicio de un período de trabajo donde se acepta que los fallos y asperezas del sistema, o más aún, las frustraciones e inaptitudes de los propios estudiantes son consecuencia de una mala actuación de los adultos. De aquéllos, cualesquiera que fuere su escala, que tienen la obligación y la responsabilidad de su educación. Y Eduardo Punset afirma concienzudamente, que quizás no saben cómo hacerlo, que tanta prontitud y sorpresa ante los cambios reclama una total dedicación y apuesta por encontrar nuevos métodos de enseñanza y aprendizaje.
Es verdad que jamás hubo tanta diferencia generacional, y ello también revierte en la educación, en la forma de ilustrar. Punset asevera que principalmente deben darse dos pasos iniciales: los profesores deben de recuperar la pasión por la enseñanza, arrebatada por la frustración; y los niños el placer por aprender, y “esto no será posible hasta que los jóvenes no expresen lo que esperan del mundo y la educación les ayude a encontrar su lugar en la sociedad”; asumiendo así sus cambios.
Esta nueva sociedad reclama virtudes, que si bien no son nuevas, sí es necesaria su potenciación de cara a un mercado laboral cada vez más exigente: el liderazgo, la experiencia, la amplia visión del mundo, la reflexión, la creación de opiniones…
Sin embargo, ésta reclama en sí las características propias de un ser humano culto, pero también dotado de las particularidades que lo hacen distinguirse como rico en valores morales y bienhechores, y asimismo, empáticos con el otro; valores que la historia nos ha mostrado como imprescindibles para la comunión humana. A ello se suman otros como el conocimiento de la democracia, la autocrítica, la idoneidad para trabajar en grupo, la experiencia, y la capacidad de pensar de forma crítica y global; y como dote más novedosa: la innovación y la imaginación, en oposición a la gestión de datos que ya nos ofrecen las máquinas.
Por ello expertos proponen el uso de “aulas inteligentes”, donde los nuevos medios puedan contribuir a que el estudiante pueda sufrir experiencias menos limitadas que con los métodos anteriores; convirtiéndose en lo que se denominan “consumidores sofisticados”, que trabajan la intuición en pro de la memoria. Por ello creo que frente a esta situación de máxima comodidad informativa, es muy necesaria la potenciación del espíritu de esfuerzo personal y la total conciencia de uno de los principales logros de nuestros días: el convencimiento de que cada ser humano tiene un papel activo para mejorar lo que fuere necesario. El ser humano debe tener siempre vivir en el optimismo de que el mundo puede ser mejor; cuya clave y llave está en uno mismo.
Por otro lado, esta cuestión no sólo está reservada para los jóvenes escolares, sino que cualquiera debe tener la posibilidad de familiarizarse con estas nuevas herramientas.
El tema de las aulas inteligentes es muy interesante y, como muy bien has dicho, hoy en día es una necesidad educacional plantearse y comenzar a desarrollar su existencia.Al igual que ha evolucionado el tipo de interacción entre el usuario y la red con las nuevas web 3.0, tenemos que ir creando una educación que permita interiorizar la forma más correcta de buscar información y el mejor uso de todas las herramientas de que disponemos pero todo orientado a que sea útil mientras están estudiando porque, si no le ven utilidad mientras lo estudian, no van a aplicar lo aprendido en su futuro.
ResponderEliminar